Restaurante Ajoblanco: cocina de autor, coctelería, música y sofisticación
Hay regresos que se hacen notar, y el de Ajoblanco a la calle Tuset es uno de ellos. El mítico restaurante barcelonés reabre sus puertas con una propuesta renovada que combina cocina de autor, ingredientes de temporada, cócteles creativos y una atmósfera que invita a quedarse largo rato. Sí, todo junto. Y sí, ¡funciona!

La nueva carta se inspira tanto en la tradición mediterránea como en sabores del norte de Europa, con platos pensados para compartir, dejarse sorprender y disfrutar sin prisas. Todo se elabora desde cero, con productos locales y técnicas cuidadas. Ajoblanco es un restaurante bonito, pero no solo: el sabor de sus platos se te quedará en el paladar durante horas, y en el recuerdo ¡quizás para siempre!
Nosotros lo visitamos un viernes por la noche y no podríamos haber tenido una experiencia más completa. Empezamos en la barra de la entrada, donde el ambiente ya atrapa: algunos sillones, mesas altas, terraza, una barra preciosa… Pedimos dos cócteles para arrancar: la Mula Mexicana, una versión potente del clásico Moscow Mule con tequila y mezcal; y el Harvest Moon, una propuesta sin alcohol que no tiene nada que envidiar: vermut 0.0, uva y soda.
Después, pasamos al comedor. Espacioso, elegante y con cocina abierta. Arrancamos con pan de masa madre con mantequilla ahumada (una auténtica locura), seguimos con la croqueta de ají de gallina, la ensaladilla Ajoblanco con tartar de atún rojo, y un cogollo a la brasa con queso azul Glauc y una vinagreta de esas que te hace mojar hasta el final. También probamos el pulpo al olivo Kalamata y un calamar de barca a la parrilla con su tinta, migas de chorizo y almendra que estaba brutal.
Pero si hay un plato que se nos quedó grabado fue el “Amor de Madre”: su versión del steak pie, con buey, ceps, trompetas y tuétano. Se termina en la mesa, y cuando ves caer el tuétano al plato sabes que estás en el sitio correcto.
Para cerrar, dos postres: profiteroles de pistacho con chocolate blanco, y un bocado que deberías probar al menos una vez en la vida: chocolate, aceite de arbequina, sal y butterscotch praliné. Tan simple como sabroso.
Y la noche no acabó ahí. Después de cenar volvimos a la barra de entrada para un último cóctel —porque, sinceramente, no queríamos que se terminara tan pronto— y acabamos bailando unos temas junto al DJ, que pinchaba música de los 70, 80 y actual sin caer en lo típico. Algo que nos encantó: a pesar de ese ambiente animado, en ningún momento se hizo invasivo en la zona del restaurante. Son dos espacios muy bien diferenciados: puedes cenar tranquilo y luego cruzar la puerta y estar en pleno viernes noche sin moverte del local.
Datos de interés:
Qué: Restaurante Ajoblanco
Dónde: Carrer de Tuset, 20, Sarrià-Sant Gervasi
Cuánto: 50-80 EUR
Más información: Web

