De la nostalgia y el futuro

Los videojuegos han significado entretenimiento, educación, controversia, vicio, cultura y contracultura, control social e ideológico, revolución tecnológica, ayuda terapéutica y, hoy en día, incluso deporte. Si caminas cerca del CCCB y buscas un alivio a la canícula barcelonesa, quizá puedas entrar en la exposición Gameplay y descubrir, seguramente, que es más interesante de lo que pensabas.

Gameplay

¿Un paseo por los noventa?

A mí me pasó así. El CCCB lo conocía de oídas y de intención, por una exposición de Kubrik a la que nunca fui. Es imposible no conocerlo después de tres años viviendo en Barcelona. Iba en bicicleta sobre unas calles derretidas y dejé atrás plaza Universitat. Me acordé de la exposición, aparqué la bici en la entrada del Raval y caminé, sudoroso, hasta el CCCB. Cuando entré, no imaginaba el impacto que me iba a causar. No soy del tipo freak de videojuegos, apenas he pasado de viciar al Pro Evolution año tras año y, sin embargo, hay rincones e historias en Gameplay que me resultaron fascinantes.

Unas largas escaleras mecánicas, gel desinfectante en las manos y estaba en el punto de partida. En la primera sala se cuentan los orígenes del videojuego: en 1952, el primer tres en raya audiovisual; en 1962 un juego de naves espaciales tan básico como entretenido; y en 1977 el primer videojuego con estructura narrativa. Un texto a ordenador al que tenías que responder preguntas del tipo: “Hay una lámpara, ¿qué hago?”. Escribías “Encender”. Respuesta: “Has encendido la lámpara”. Todo esto en una pantalla en negro y el texto en verde, a lo Matrix. Apasionante.

Gameplay

Me entraron ganas de ver «Stranger Things».

Enseguida la exposición toca la fibra nostálgica, con los primeros juegos míticos: PacMan, Donkey Kong, Asteroids… para un niño de los 90 como yo, aquello era una auténtica regresión a la infancia. Más válido aún para ochenteros. La sala explora brevemente la cultura entorno a los centros recreativos, los piques entre jugadores, las reuniones juveniles o el ambiente marcadamente masculino. Además, en esta primera parte, pude ver también las videoconsolas más arcaicas, desde la Odissey hasta la Game Boy original con el Pokemon azul al lado. Para llorar de nostalgia.

Gameplay

Puede que hubiera una lágrima al otro lado del objetivo…

De ahí pasé a la siguiente sala, que centra su importancia en dos conceptos: la cultura de la decisión y la poética de las reglas. En cuanto a la decisión, muchos de los videojuegos optaban por una estrategia mercantil que incidía en la libertad del jugador a la hora de elegir. Algunos juegos invirtieron esta mecánica, ya fuera mediante finales inevitablemente crueles o por ingeniosos juegos mentales (el divertidísimo narrador omnisciente de Stanley Parable que se enfada si no sigues su relato). Por otro lado, las reglas de los juegos son mucho más importantes de lo que creemos, pueden ocultar enseñanzas (en 12 de septiembre, si disparas a civiles, los familiares se vuelven terroristas) o ideologías (en Passage puedes decidir si caminas solo o en pareja, ambas elecciones bajo unas marcadas metáforas acerca de la vida).

Gameplay

Esta foto es un poco aleatoria, pero me pareció divertida.

En la siguiente sala me topé con los primeros juegos interactivos mediante el cuerpo, por ejemplo, el Bubbles, predecesor del Eyetoy de Playstation, en el que puedes jugar con unas burbujas que responden a los estímulos de tu sombra. Había otro juego interactivo, donde cinco pedales activan en la pantalla los cinco propulsores de un cohete que hay que aterrizar en una plataforma azul. Lo intenté y no lo conseguí, dada la dificultad de accionar en solitario los cinco pedales. Al rato, vino una familia de cuatro miembros y, en menos de diez minutos, pasaron dos niveles. El poder de la cooperación.

Gameplay

Así cualquiera… ¡yo tuve que arreglármelas solo!

Todavía restaban videojuegos indies, más centrados en la estética o la narrativa que en el entretenimiento masivo, así como el impresionante (y desolador) experimento de Kurt Cobain en el universo Sims. A estas alturas miré el reloj y, sin apenas percatarme, había consumido casi tres horas allí, incluso empezaba a tener frío por el aire acondicionado. La última visión, hacia el videojuego actual como profesión, quizá por el cansancio, me pareció la menos interesante, la que menos sigue una línea coherente con el resto de la exposición.

Como se puede inferir por todo lo anterior, recomiendo altamente la visita a Gameplay tanto a aficionados del videojuego como a absolutos ignorantes en la materia. Son todo ventajas: huiréis del calor asfixiante, conoceréis el CCCB y os aseguro que saldréis muy sorprendidos con la poderosa cultura que esconden los videojuegos.

Datos de interés:

Qué: Exposición Gameplay sobre videojuegos

Cuándo: 19 de diciembre 2019 – 30 de agosto 2020

Cuánto4€ (reservar aquí)

DóndeCCCB (Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona) – C/ Montalegre, 5

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