Cocina de la tierra como nunca la habías visto
Miquel Pardo vuelve a acertar. Después de abrir Cruix, uno de los mejores menús degustación de Barcelona por su calidad-precio, ahora eleva el concepto con Melós, un local más exclusivo con el que demuestra tener una voz propia única a la que hay que prestar atención.

Homenaje a Castellón.
Han pasado casi 8 años desde que visitamos Cruix y ya hemos repetido un par de veces y lo hemos recomendado varias decenas más. Fue uno de nuestros restaurantes favoritos de la Barcelona pre-pandemia y lo ha seguido siendo después. Por eso, cuano vimos que Miquel había abierto otro concepto y que este estaba desatando pasiones entre la crítica, nos propusimos visitarlo más pronto que tarde, y qué suerto tuvimos de poder hacerlo y de contártelo.
Melós funciona con diferentes medidas de menú degustación. Hay uno que hacen los mediodías entre semana de cinco pases con el que experimentan más según lo que hay en el mercado. Los otros, de ocho, diez y trece platos, son menús más cerrados y probados para entender perfectamente el mensaje de Miquel. Nosotros probamos el menú entero, que repasa la cocina mediterranea y, en especial, la valenciana (origen del chef) y la catalana. Ah, y si como nosotros eres fan de la paella del Cruix, no te va a decepcionar.
Por cierto, no te vamos a mencionar todos los platos sino los que más nos interesaron. Aun así, todo el menú es precioso y merece ser probado en su totalidad. Vamos allá.

Embutido y caldo de conejo.
En Melós todo empieza como empezaría en casa: con unos embutidos y con un caldito. En este caso es algo a lo que no estamos acostumbrados: las dos cosas son de conejo, y el caldo está infusionado con manzanilla y tiene un poco de paté de conejo en el borde para aumentar el sabor. Son dos platos muy delicados que hacen que nada más empezar sepas que lo que viene va a ser espectacular.
Seguimos con un homenaje a Catalunya con diferentes propuestas. Por ejemplo, hacen su versión del empedrat con todos sus elementos: alubias, tomate, aceitunas y bacalao, pero de una manera totalmente sorprendente. Este pase también tiene un caldo de galera, unos espárragos hechos de tres formas diferentes y su versión de la coca de recapte que es de lagrimilla.

Empedrat y caldo de galera.
Lo que vino después realmente es de ponerese de pie y aplaudir. Es el homenaje a su tierra, Castelló, y concretamente a uno de sus productos estrella, las olivas. Se trata de una emulsión del jugo de aceitunas con naranjas de Castellón, aceituna negra e hinojo. Lo acompañan de aceite de tierras valencianas y mantequilla de aceituna. Es una combinación tan perfecta que cuesta explicar por qué lo es. Solo por esto ya vale la pena la visita.
Después de un plato refrescante de caldo de primavera con codorniz que llaman Vida, pasamos a la Muerte, una creación que no tiene nada de deprimente ni de triste. Es un muslo de codorniz relleno de foie, bañado por una salsa de un guiso de trompetes de la mort. Tiene un sabor súper intenso, aprovechando un ave tan usada en las zonas rurales y que nos llega tan poco en la ciudad.

Grífola de castaño y anguila
El que también nos entusiasmó fue la grífola de castaño y anguila, que combina perfectamente el mar con sabores tan de montaña como lo es esta seta, la grífola, que tiene notas claras de castaña. Muy interesante también la raya a la cazuela, que recrea los típicos fideos a la cazuela de una forma inesperada.
Y vamos ya a la joya de la corona, la paella. En este caso nos la hicieron de cigala y ortiguilla, una anemona muy usada en el sur de España que aquí la ponen cruda para que de todo su sabor al arroz. Miquel sigue haciendo uno de los mejores arroces de la ciudad. Así de claro. La única lástima es que no nos dejaron la sartén para rascar el socarrat que vimos que quedaba (somos unos golosos cuando se trata de socarrat…).

Paella de cigala y ortiguilla.
Pasamos a los postres de Melós con dos creaciones dulces muy arreladas a Valencia. Uno que homenajea la mandarina que funciona como momento refrescante y otro que es una vuelta de tuerca a la orchata con fartons.
Lo último fue una pequeña tarta de miel deliciosa que si no fuera porque no nos cabía nada más, nos hubiéramos comido cinco o seis más.
- Postre de mandarina.
- Orchata y fartons.
- Tarta de miel.
Como en el caso de Cruix, vamos a recomendar Melós hasta la saciedad. Es de los restaurantes que te hace estar orgulloso de vivir en una ciudad con propuestas tan bonitas como esta. Como intuimos que este menú va a seguir cambiando, mejor síguelos en Instagram para ver las novedades.
Datos de interés:
Qué: Melós.
Cuándo: Mi: cenas | Ju – Sá: comidas y cenas.
Dónde: C/ Mallorca, 303.
Precio: 130€ por el menú Gran Melós (también hay opciones de 45, 80 y 100€).



